jueves, 24 de marzo de 2022

La inquilina de Wildfell Hall

Anne Brontë fue una escritora británica, la menor de su familia. Autora únicamente de dos novelas: Agnes Grey y La inquilina de Wildfell Hall.

En esta segunda obra retrata la vida de Helen Graham vista desde la perspectiva de Gilbert Markham quien le envía cartas a su hermano para contarle cómo empezó su relación con ella.

El hecho de que gran parte de la historia está narrada por un testigo de los hechos le permite a la autora crear todo un ecosistema del lugar y explicar cómo son las dinámicas entre sus habitantes. Helen es una extraña y como suele suceder en las narraciones del siglo XIX los recién llegados son analizados hasta el más mínimo detalle. 

La autora elige como recurso para explicar los antecedentes de la llegada de Helen el incluir su propio diario y será en esos capítulos donde podamos realmente conocerla: el uso de la primera persona nos acerca no solamente a sus acciones sino también a sus sentimientos y la forma en la que va afrontando las situaciones que se le presentan en su matrimonio.

Preferí a este narrador protagonista que al narrador testigo pues de esa manera ella puede ser franca, a diferencia de cuando es vista desde fuera, cuando debe guardar las apariencias y evitar expresar su verdadero sentir.

La sociedad de aquella época se ve retratada con todo y sus vicios, sus costumbres y sus prejuicios: una mujer sola con su hijo es objeto de miradas y de preguntas incómodas que la autora narra con detalle. Cuando Gilbert trata de defenderla solamente agrava la situación y a ratos es desesperante que debido a esas costumbres no se pueda hablar claro y evitar los chismes.

Sin hacer una crítica abierta, la autora muestra cómo el rol de la mujer era desventajoso pues a pesar de que Helen contaba con una herencia propia no era capaz de decidir sobre ella y era su marido el encargado de administrarla.

Los personajes secundarios son tratados con tanto detalle como los protagonistas, así sabemos todo lo que les sucede y cómo también van acomodando sus vidas a las exigencias de la época: los familiares vecinos y criados cumplen con el papel de formar un panorama de la sociedad.

Ya cerca del desenlace temí que no hubiera un final feliz y durante varios capítulo esperé lo peor, sin embargo, para mí fue coherente con la forma de actuar de los personajes y eso me dejó satisfecha.



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