lunes, 23 de noviembre de 2015

A wrinkle in time

A esta autora la conocí en la adolescencia cuando leí "Camilla". Después de unos años supe que había escrito novelas de viajes en el tiempo, pero como esto ocurrió antes del internet, nomás se quedó en información.

Hace unos meses lo recordé, la busqué y gracias a esas maravillosas personas que comparten lo inencontrable en este país, conseguí en inglés "A wrinkle in time" que en Alfaguara tradujeron como "Una arruga en el tiempo" pero que obviamente ya no se consigue.

Con alegría me puse a leer y aunque me costó trabajo al principio, lo logré.

Ésta es la historia de Meg una chica que no encaja en la escuela, de Charles Wallace, su hermano menor prodigio, que parece medio lento pero que es todo lo contrario y por eso mismo tampoco encaja. Este par de chicos conocen a Mrs. Whatsit, Mrs. Who y Mrs. Which quienes los llevan precisamente a conocer esa "arruga en el tiempo".

Me gustó mucho la presentación de los personajes y el desarrollo incluso el clímax, con todo y que me pareció predecible. Lo que sí no me gustó fue el desenlace: la respuesta más obvia fue la acertada, pero hay que tener en cuenta que se escribió en los años 60.

De todas maneras una gran recomendación para conocer la faceta de ciencia ficción de esta escritora.


martes, 11 de agosto de 2015

La segunda primaria

La diferencia principal entre la primera y la segunda primaria en las que estudié es que en la segunda nadie me conocía. Era nada más la nueva y tuve que hacerme un hueco para demostrar mis aptitudes y habilidades. Entré en cuarto año y ya estaban establecidos los roles de cada quien, creo que era el segundo año que daba la misma maestra, no estoy segura. Recuerdo un comentario que hizo porque se tomó la foto de grupo el primer día y varios estudiantes habíamos faltado: tan bonitas y tan flojas, ¿por qué no vinieron el primer día? Yo opté por no decir nada de mi situación familiar recién cambiada por tercera vez, lejos de mis costumbres, en una escuela nueva, sin amigos, con tantos cambios. Ese año lo pasé bien en calificaciones, empecé a hacer amigos y a ganarme a la maestra pero fue hasta quinto año cuando volví a brillar. La maestra de ese grado era totalmente diferente a mis anteriores maestros, una de sus frases favoritas era: "cuánto sabes, cuánto recuerdas". No le gustaba que memorizáramos nada, nos hacía pruebas diferentes, le encantaban las Matemáticas y las explicaba con pasión, gracias a ella la ortografía fue sencilla para mí (aunque no recuerdo su técnica de enseñanza). Y a pesar de no ser el modelo al que yo estaba acostumbrada en la primera primaria, disfruté mucho los dos años que nos dio clase. Sí era muy estricta, pero eso secretamente me gustaba mucho. En público me quejaba como todos los demás, la criticaba y señalaba sus defectos, pero en el fondo me daba cuenta de que me estaba enseñando mucho más que todos los demás maestros.

En esa escuela la clase de Educación Física parecía más un mero trámite que una clase de verdad: los maestros faltaban, había semanas que no la teníamos y cuando sí la teníamos no hacíamos gran cosa: el paraíso para mí. A pesar de eso algunas veces mentí para no tener la clase, recuerdo a uno de los maestros (no me acuerdo de cuántos tuve en un solo año) preocupado: se me acercó cuando llegué en último lugar en una carrera por filas donde los compañeros eran los obstáculos y me preguntó si me sentía bien. Le dije que sí pero no me creyó y me manó a sentar junto con otras niñas gorditas como yo.

Porque ese es el otro detalle que no he comentado: mi peso durante esos años, ya les contaré qué pasaba.

lunes, 10 de agosto de 2015

El inicio

Mi primer recuerdo de una clase de Educación Física es en la primera primaria donde estudié. No recuerdo si era primero o segundo año, de lo que me acuerdo es de que estábamos en el estacionamiento (no sé por qué no en el patio, adentro de la escuela) y a mí se me había olvidado el uniforme. Por esa razón me imaginaba a mí misma corriendo como si fuera Cheetara (sí, la de los Thundercats, la versión original, por supuesto) hasta mi casa para traer el uniforme. Tampoco es que me muriera de ganas de participar en la clase (aunque no me acuerdo cuál era la tortura de ese día) sino que era más bien el horror de no haber cumplido con lo que debía hacer. Para mí toda la vida ha sido mucho más importante lo que debo hacer, es decir, lo que los demás esperan de mí, que lo que quiero hacer, es decir, lo que hago por y para mí misma..

De esa primera primaria no recuerdo más clases, ¿será que las he bloqueado de tan horribles que eran? Es una posibilidad. Lo que sí recuerdo es que yo era una especie de rockstar: era de las aplicadas, los maestros me conocían, siempre salía en el cuadro de honor y recibía mi medalla al final de año. Cuando entré ya sabía leer, tenía facilidad con las Matemáticas, en general me gustaba mucho ir a las clases. Tenía dos mejores amigas con las que me llevaba muy bien. Recuerdo que una vez en segundo año la maestra Rosy nos preguntó qué queríamos ser de grandes y yo contesté de inmediato que doctora. Ella se puso muy contenta y me dijo: con lo inteligente que eres, vas a ser una muy buena doctora. No sé si ésa fue la primera vez que dije en voz alta lo que quería ser de grande, no sé de dónde saqué esa idea, pero a partir de ese día, siempre que me preguntaban, contestaba lo mismo y recibía la misma mirada de aprobación y algún comentario similar: con esa buena memoria, con esa inteligencia, etc. Lo que no sabían es que yo era lo que se conoce como "machetera": me aprendía de memoria, por ejemplo, las fechas de los eventos, los nombres de los personajes, las capitales de los estados, hacía el examen y en un par de días la mayor parte de la información se había ido. Creo que en lo único que me sentía realmente "inteligente" era leyendo en voz alta y haciendo operaciones matemáticas. Todo lo demás lo memorizaba  y punto.

Por eso la clase de Educación Física era especialmente difícil: no podía memorizar nada, no podía leer, ni hacer sumas o restas, nada de lo que me funcionaba con los maestros me funcionaba en esa clase. En la segunda primaria la situación sería un poco diferente.

domingo, 9 de agosto de 2015

Darse cuenta de que...

...antes de poder contar la historia que quieres contar, tienes que sacarte de dentro de ti tu propia historia porque si no, sería solamente decir lo tuyo sin crear a un personaje, así que ahí vamos, no sé cuántas palabras necesite para sacarlo, pero lo haré para poder buscar a esa protagonista que quiero formar para contarles más cosas.



jueves, 2 de abril de 2015

Feliz día internacional del libro infantil y juvenil

Hoy 2 de abril se celebra el aniversario de Hans Christian Andersen y desde 1967 se celebra también el Día internacional del libro infantil y juvenil. Por eso les comparto 10 autores de mis favoritos:

1. Christine Nöstlinger
De las primeras autoras que leí en mi vida, de mis favoritas desde los 8 años, la primera que me enganchó con una trilogía de la que apenas hace un par de años pude leer la última parte. Les recomiendo para niños "Hugo, el niño en sus mejores años": la historia de un niño que vuela en aviones de papel y tiene dos papás. Y para adolescentes la trilogía de Gretchen que comienza con "Una historia familiar", sigue con "Gretchen se preocupa" y termina con "Gretchen, mi chica", pero cualquiera de sus libros que tengan a la mano vale la pena leerlo.


2. A Michael Ende también lo leí de muy niña y me sigue gustando. La verdad no me acuerdo si vi primero la película o si leí primero el libro "La historia interminable" pero ambas me gustan muchísimo. Y me terminé de enamorar de sus libros con "Momo".



3. Gerald Durrell era un zoológo que conocí gracias a esa colección de libros naranjas de Alfaguara que le obsequiaron (o al menos ése es mi recuerdo) a mi mamá cuando compró una enciclopedia. Leí "El nuevo Noé" y "El paquete parlante" ambos muy divertidos y llenos de animales exóticos.




4. Judith Kerr con su trilogía sobre Anna, judía que sale con su familia de Alemania justo antes de que Hitler comience con los campos de concentración. Irá a Inglaterra, Austria, Francia y nos contará sus aventuras en cada país y en cada etapa de su vida en cada uno de los libros: "Cuando Hitler robó el conejo rosa", "En la batalla de Inglaterra" y "A small person far away". Judith también tiene un hermoso libro ilustrado: "El tigre que vino a tomar el té" y una serie sobre un gato, Mog.



5. A Roald Dahl lo leí cuando estaba más grande y de todas maneras me gustó  mucho. Yo no creo que los adultos no podamos leer libros para niños o jóvenes, al contrario, es divertido y enriquecedor. "Matilda" es una de mis favoritas.



6. Francisco Hinojosa con "Una semana en Lugano" me conquistó y seguí leyendo sus libros para niños. Otro de mis favoritos es "La fórmula del doctor Funes".



7. Lemony Snicket (pseudónimo de Daniel Handler) y los trece libros de los hermanos Baudelaire son tristes y trágicos pero son una divertida lectura.




8. Rainbow Rowell escribe para jóvenes más que para niños y su novela "Eleanor and Park" fue de mis favoritas del año pasado: retrata de manera certera la ilusión y el dolor del primer amor.




9. M. B. Brozon es autora mexicana y para mí, que crecí leyendo traducciones, fue un descubrimiento. Ya sea para niños con "Las princesas siempre andan bien peinadas" o para adolescentes con "De Drácula a Madero", sus libros siempre son ágiles y entretenidos.



10. Juan Carlos Quezadas también es mexicano y entre sus pasiones está el futbol, Pessoa y Portugal, los tres son retratados en sus libros, especialmente en "Desde los ojos de un fantasma".



Espero que se animen a acercarse a cualquiera de estos autores y ¡feliz día internacional del libro infantil y juvenil!